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Requena (25/05/18) LA BITÁCORA – JCPG

Se repite cada año. Llega mayo y con él viene el final de un nuevo año académico. Falta poco para los exámenes de selectividad, que serán a partir del 5 de junio. Los nervios están a flor de piel. Bordean la crisis psicológica algunos, y algunas. Nada que no se haya repetido tantas y tantas veces. Las mismas prisas de siempre. Pero como es la conclusión, vale la pena realizar un balance.

Mateo Alemán, que conoció en profundidad los grandes achaques de aquella España imperial que se asomaba al siglo XVII, emplea en sucesivas ocasiones el sustantivo conciencias, tanto en plural como en singular, junto al de maestro, igualmente utilizado tanto en singular como en plural. La conciencia se asocia al maestro, que es ante todo el avispado que sabe aparcarla en el momento oportuno para evitar que moleste. Aunque también hay que decir que emplea ambas palabras en otro tipo de juegos de significado.

“¡Ah! ¡Ah España, amada mía! (…) También tienes maestros que truecan las conciencias, y hombres que las traen trocadas. Cuántos olvidados de sí, se desvelan en lo que no les toca y la conciencia del otro reprehenden, solicitan y censuran.”

[Vol. I, capítulo V, p. 215]

Espero que nadie saque de aquí una lectura actual referente a acontecimientos de la vida política española de ahora mismo. En una página más adelante:

“Donde hay muchas escuelas de niños y maestros que guardan conciencias aunque, como digo, ninguna ciudad, villa ni lugar se escapa en todo el mundo, es en Sevilla, de los que se embarcan para pasar la mar, que los más de ellos, como si fuera de tanto peso y valume, que se hubiera de hundir el navío con ellas, así las dejan en sus casas o a sus huéspedes que las guarden hasta la vuelta (…)”

[p. 216]

La educación siempre ha sido un arma política. Hay que reconocerlo. Lo que sucede es que la sociedad democrática no puede permitirse el lujo de manipular su sistema educativo. En ninguna forma. Su objetivo es formar conciencias, pero conciencias de ciudadanos que valoren la justicia, el conocimiento, la ciencia y el respeto. En elgún lugar se extraviaron estos principios cuando hay un presidente autonómico cercano al nazismo y absolutamente racista.

Confieso mi desgana y apatía en otros temas, pero tampoco me gustaría que quedaran al margen de una valoración. Ese mantra que las autoridades educativas lanzan contra la oposición con lemas de este cariz: ¡Respeten a maestros y profesores, no les amenacen más!  ¡La escuela no se toca! Como aquellos lemas para lerdos de escola Valenciana que equiparan la dignidad con la escuela en valenciano. Mejor nos iría a todos si no se manipulara la escuela a conveniencia de nadie, ni siquiera desde el punto de vista lingüístico. Algunos de estos lemas, tan esquemáticos, tan infantiles, se caen por su propio peso, pero en esta sociedad tan manipulable algunos parecen estar dispuestos a instrumentalizar la escuela para sus objetivos. Mejor dejar a un lado las unanimidades, que son pura fantasía y reconocer la realidad del pluralismo social, incluso en la escuela.

A lo mejor es que los autores de estos lemas, que no son otra cosa que política pura, son como las masas humanas que se agolpaban en Sevilla, durante las décadas gloriosas del Siglo de Oro: se han desprendido de su conciencia y se dedican a una asquerosa labor de manipulación. No sé si recuperarán la conciencia porque, parafraseando a Alemán, es luego difícil de cobrar, por ser tierra larga la que hay entre la manipulación y la conciencia.

Como me resulta imposible pensar que los artífices de esta campaña sean unos descerebrados, pienso que han dejado la conciencia a bastantes leguas y se han embarcado en una campaña de entontecimiento. Una cosa es defender el valenciano y otra diferente identificar dignidad exclusivamente con la escuela en esta lengua.

Nadie espera que nuestros políticos lleguen a acuerdos sobre la educación con tal que no molesten demasiado. Que no incrementen la labor burocrática que los profesores sufrimos cada vez más. Parece, de todos modos, que Castilla y León funcionan bastante bien; parece también que los resultados de Soria son superiores a los de Finlandia, lo que me lleva a preguntarme por qué nuestros dirigentes prefieren visitar Finlandia: sin duda porque tiene más glamour que Soria.

¿Es posible que hagamos el absurdo ejercicio de fijarnos fuera cuando Soria está tan cerca?

Es preferible que los políticos no nos enreden con otra ley educativa. Tenemos bastantes. No parece que el tema vaya de leyes. Hay que incrementar los niveles de exigencia, potenciar la figura del profesor, dar más peso a la tecnología y desprenderse de la dictadura del libro de texto. Y hay que llegar a una escuela que sea capaz de ofrecer oportunidades de conocimiento. No puede ser que la escuela pública expulse a las élites intelectuales; no las estamos potenciando en aras de una igualdad falsa y desertificadora. Clama al cielo que las autoridades se llenen la boca proclamando su compromiso con los alumnos menos capaces, cuando realmente los aparcan en los centros y apenas los atienden. Hace falta una auténtico compromiso tecnológico, que pasa, no solo por las conexiones, sino por los programas adecuados, capaces de garantizar la comunicación con otros centros europeos.

Hacen falta muchas cosas. Cuando pasan los años, parece que la reivindicación se desinfla y uno sólo quiere que no perturben ni los mensajes de los políticos ni las llamadas políticas sobre las lenguas.

En Los Ruices, a 23 de mayo de 2018.

 

 

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