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En el centro del paraíso

En el centro del paraíso

Requena ( 30/11/17) LA BITÁCORA. JCPG

A Vicen y Manolo.

Con sólo echar un vistazo al antiguo santoral, uno percibe cómo aquellos venerables santos y santas están siendo barridos por un sinfín de días internacionales. En mi lugar de trabajo ya me han preparado uno esta semana (no tengo ni idea de qué va) pero consiste finalmente en realizar una instructiva redacción sobre el tema, que, por lo que cuentan, es un medio la mar de estupendo para disuadir al maltratador de maltratar, al violador de violar, y al gandul de gandulear. Todo esto, lo reconozco está promovido con buenísimas intenciones, aunque muchas veces resulte un tostón que nos sirve para quedarnos tranquilos y pensar que hemos caído en el lado bueno de la humanidad.

Por eso tengo que alejar mi mente de asuntos como estos y deleitarme en lo paradisíaco. Cierro los ojos y estoy imaginando el instante. Entramos (voy acompañado de un buen amigo) por un lateral. Se trata de la iglesia de Carrascosa del Campo. Traspasar la puerta y dar con el paraíso es posible. Una iglesia limpia y pura, como recién construida; tal parece que estuviéramos en aquellos años 30 y 40 del siglo XVI. una pureza extraordinaria. Bóvedas. Pilares. Casetones. Todo con una autenticidad notarial, sin añadidos ni postizos. Como debe ser. Este pureza, el encanto de los arquitectos por realizar una obra solemne, vigorosa, contundente, pero al mismo tiempo tributando un homenaje monumental al carácter ecléctico del renacimiento español. Bóvedas de estirpe gótica conviven en absoluta armonía con numerosísimos elementos renacientes. Ya se sabe que el odio itálico a las formas goticistas, tenidas por bárbaras y ajenas, no caló en España. Carrascosa del Campo expresa como nadie la capacidad para sintetizar pasado y presente.

Nos esperan para comer y no es cuestión de hacer esperar en una tarea tan ardua. La belleza requiere deleite, por pequeño que sea. Al llegar a este pueblo, uno ya tiene un adelanto, una introducción en los campos. Esperan la lluvia, la que sea; la que venga será muy bienvenida, porque la sed es muy evidente. Hemos pasado un río de resonancias familiares: el Valdejudíos. Alguno había por aquí. Huete anda cerca.

Fuera como agradecimiento, como vanidad o por lo que fuera. Quizás por todo al mismo tiempo. El caso es que Carrascosa dispuso de un mecenas, un término de larga resonancia latina, un financiador, porque, claro, pagar una obra tan espectacular era cosa de potentados, y la gente del pueblo castellano no estaba para tales dispendios.

Los potentados actuales financian fundaciones que realizan acciones caritativas y culturales. Luego viene Hacienda y los premia con descuentos. En los entre tantos, los potentados consiguen lustre y honor. Los Roig lo están haciendo hoy con sus actividades deportivas y culturales, y bien lo merecen, habiendo triunfado en el mundo del supermercado. Los Tous han hecho lo propio, aunque colocando a algunas figuras de dudosa valía en su fundación no han hecho más que devaluarla y conseguir que sea objeto de algo así como un boicot.

Algo de la majestad interna se intuye en el contundente exterior, dotado de esos poderosos contrafuertes que son el apoyo de la bóveda. Y esta portada, con tantas resonancias en Cuenca y en La Mancha entera, con tanta cercanía a las formas de hacer vandelvirescas.

¿Hay algún espectáculo semejante al del arte? ¿Una iglesia puede evocar las formas paradisíacas? Me pasa también en la iglesia de Utiel. Sus formas son de una pureza tan excelsa que uno se siente embriagado al ver, al percibir. Los que estudian historia del arte hoy deberían pisar alguno de estos edificios, el de Carrascosa, el de Utiel. Es estando en ellos, contemplándolos como se comprende la grandeza creadora del espíritu humano. Las palabras de un manual de historia del arte no pasan de ser palabras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En estas tres imágenes anteriores puede verse el interior del templo. Un tremendo equilibrio se expresa en cada centímetro. La austera superficie arquitectónica es un dardo directo a la posmodernidad actual empeñada en sublimar el valor de las apariencias. El Crucificado, cobijado bajo un espectacular arco de medio punto, me recuerda muchas cosas, entre otras las que siguen:

Fresco de La Trinidad, de Masaccio. Renacimiento italiano.

Arco de Jamete. Catedral de Cuenca.

Cuenca depara tal cantidad de sorpresas que se está convirtiendo en una provincia imprescindible. Todavía hay rescoldos de nostalgia por la antigua pertenencia de nuestra comarca a esta tierra (hasta 1851). No me extraña; los tiempos que corren no son propicios a una cultura de mediación, fronteriza hasta la médula. Son tiempos de blanco y negro. Los matices empiezan a sobrar, a estorbar. Los matices hay que saborearlos.

Del paraíso artístico (que es también terrenal, para los que no crean en él, pues estamos en la comarca de Campos del Paraíso) al paraíso gastronómico. La mesa estaba puesta. El vino, adecuado. Mejor hispánico. El vino francés o tiene demasiadas florituras o directamente demanda la gaseosa mejorante. Las viandas, extraordinarias. Sobre todo, lo inmejorable, la compañía. Porque el paraíso también está entre la comida. Y el mejor: entre la gente, entre nuestra gente, entre amigos.

 

Esta es la firma auténtica del mecenas de Carrascosa, en este caso en un documento que lo acredita como Arcediano de Moya. Fuente: Wikipedia.

 

El Cerro de La Muela no engaña; ¿alguien puede dudar de su origen romano? Ya lo visitamos con anterioridad y dedicamos a aquella visita una galopeante columna, en el mes de mayo de este año. Lo que se esconde bajo el manto de la tierra acumulada por el tiempo puede ser espectacular, a juzgar por lo sillares superficiales. Foto: Wikipedia.

En Los Ruices, a 28 de noviembre de 2017.

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