Jueves , 14 diciembre 2017
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El jibarismo cultural

LA BITÁCORA DE BRAUDEL. JUAN CARLOS PÉREZ GARCÍA.

Como sociedad, tenemos demasiados asuntos abiertos, pendientes de una solución. No es el menos importante el que se refiere a la cultura y la educación. El jueves 9 de

mayo profesores, maestros, alumnos, iremos a la huelga como protesta contra recortes que afectan al núcleo de nuestro sistema educativo. En realidad, casi nadie se

enterará. Carecemos de capacidad para crear una situación que propicie algún tipo de diálogo, debate o similar. No somos un sector vital…

Como sociedad, tenemos demasiados asuntos abiertos, pendientes de una solución. No es el menos importante el que se refiere a la cultura y la educación. El jueves 9 de mayo profesores, maestros, alumnos, iremos a la huelga como protesta contra recortes que afectan al núcleo de nuestro sistema educativo. En realidad, casi nadie se enterará. Carecemos de capacidad para crear una situación que propicie algún tipo de diálogo, debate o similar. No somos un sector vital. Aunque los políticos nos quieran hacer creer lo contrario. Sus mensajes están llenos de un interés por la cultura y la educación; en realidad, es puro teatro. La nueva ley educativa, que se encuentra ahora cocinándose, será otra más como las de los últimos 30 años: la ley de un sector de los españoles, sin consenso, totalmente discutida; y, especialmente, cocinada a espaldas de los que saben algo de educación, los profesores.

Los profesores somos también una especie peculiar. Cuando no estamos dando clase, solemos descuartizarnos unos a otros en peleas sin sentido que están transidas, como viene siendo habitual en los últimos años, por disparidades políticas y querellas lingüísticas. Acabo de asistir a unas jornadas de reflexión e investigación sobre humanidades y educación. Han participado todo tipo de docentes e investigadores, universitarios y de instituto. Este tipo de reuniones son productivas, pero no dejan de ser tediosas y a veces no sirven mucho para airear la atmósfera de trivialidad y reiteración que nos agobian. En muchos casos no sirven para otra cosa que animar la investigación; para dar una palmadita en la espalda y luego volver a la atmósfera gris y el ambiente pesado de los centros educativos.

Causa tedio escuchar a los pontífices de la pedagogía actual, cuyos resultados de quiebra los experimentados los que estamos en el frente educativo cada día, que uno de los fallos del sistema es la falta de una adecuada acción sobre la diversidad del alumnado. Parece que algunos creen todavía que es posible que un profesor atienda 20, 30 o 35 realidades diferentes. Javier Touron tiene toda la razón cuando afirma que nuestro sistema educativo está obsesionado con el alumno medio y, en consecuencia, olvida los picos, esto es, tanto los que quedan rezagados como los chicos con altas capacidades. A esta afirmación yo le añadiría algunos matices. La verdad es que el alumno medio no existe; es pura ficción. Entonces, ¿a quién estamos enseñando?

Los chavales que no llegan a los mínimos son adecuadamente atendidos; aunque he de decir que no creo demasiado en la atención que profesores sin formación preferente en las problemáticas de estos chavales, puedan prestarles una buena atención; necesitan personal muy especializado para ellos; ¿no estamos hablando de un fraude colectivo, dirigido desde la administración, sobre las familias de chicos con problemas agudos de razonamiento que necesitan una atención especializada? Por si no bastara con esto, directamente –a pesar de las declaraciones en contrario-, los chavales con alta capacidad están excluidos directamente del sistema. Las leyes contemplan una atención para ellos; pero España, como otros cuatro o cinco países europeos, es uno de los lugares en que la ley es cotidianamente orillada, olvidada por la misma administración. El recurso de estos chicos es mimetizarse entre la mediocridad, en un proceso que suele conducirles al fracaso más estrepitoso. Un fracaso escolar; pero quién sabe si no es también un fracaso personal en la vida. Un sistema educativo que prescinde de la inteligencia de los mejor preparados, del talento, está condenado a repercutir negativamente sobre el conjunto de la sociedad. ¿En qué medida nuestra educación influye sobre la marcha de nuestra sociedad?

Se ha desperdiciado mucho tiempo y el poder no ha deseado educar a sus ciudadanos, sino todo lo contrario. La burricie y la estupidez colectivas son el campo abonado del dominio de las elites y de la proliferación de la corrupción.

Son las elites las que instrumentalizan la educación. El siglo XX ha impulsado la extensión de la educación a todos los ciudadanos, porque es un bien colectivo. Las elites han visto en el sistema educativo un mecanismo más para ejercer el poder sobre una sociedad. La intención de las sucesivas reformas que hemos sufrido no ha respondido a sus nobles objetivos, proclamados en los ampulosos párrafos introductorios: que si la extensión de los bienes de la democracia, que si la llave del progreso, que si la creación de chicos maduros e imbuidos de sentimientos nobles. ¡Pamplinas! La pedagogía de hoy nos conduce al tema del trabajo en el aula con comptencias. ¿Qué son las competencias? Llevo estudiados varios cursos sobre el tema y apenas sé nada sobre ellas. Una cosa me quedó clara desde el primer día: lo importante no es que sepas quién fue Kant o qué pretendía la Inquisición española. Lo auténticamente decisivo es si estás preparado para ser empleado en la nueva economía del mundo globalizado. Ni qué decir tiene que el medio tiene que ver con las nuevas tecnologías; buenos negocios han hecho empresas informáticas surtiendo de ordenadores a comunidades autónomas enteras. El resultado es conocido.

Esto implica echar por tierra la vieja tradición cultural y de pensamiento del Occidente. No ya el latín, la filosofía y la historia serán sacrificadas en función del presentismo tecnológico más absoluto. El objetivo no es formar, sino preparar chavales útiles en la nueva estrategia de poder de la economía global. Platón, la Ilustración y otras rarezas de este estilo podrán ser arrojadas por la borda. La máxima es: ¿eres competente? ¿entiendes cuál es tu papel en el engranaje de la economía mundializada? Chaplin lo entendió bien en sus Tiempos modernos. No sé si hay un Chaplin actual en Hollywood capaz de una obra maestra parecida. Me temo que no es así.

Europa está muriendo debido a su “jibarismo” reductor inherente a su afán por la competencia. Esto no conduce sino a la inanidad. La sociedad del consumo desaforado, la educación de las competencias no son otra cosa, a mi entender, que un índice de decadencia y pasividad. En lugar de ser sujetos activos en el mantenimiento de nuestra cultura, en la contemplación y análisis de las otras culturas mundiales, caminamos hacia un proceso que nos convertirá en irrelevantes.

Juan Carlos Pérez. Los Ruices, 8 de mayo.

[Continuará…]

 

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