Jueves , 14 diciembre 2017
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John Wayne entre cepas

LA BITÁCORA DE BRAUDEL. JUAN CARLOS PÉREZ GARCÍA.

El campesino está en extinción. Entiendo por campesino aquel hombre del campo que conoce los ritmos lunares, solares y otros y su correlato con respecto a las diferentes tareas agrarias. Adapta los ciclos naturales a los vegetativos. Era una enciclopedia natural andante; un reservorio de sabiduría ancestral. Quedan muy pocos.

En las viejas películas del Lejano Oeste, el granjero acababa enfrentado al campesino y también al gran terrateniente, quien buscaba imponer su ley en el territorio, mientras no hubiera una fuerza que se lo impidiera. Era una tierra de pistoleros, ganaderos y escenario de una lucha por el poder. No recuerdo una película donde John Wayne decidiera dejar su vida de vaquero y trasladarse a la ciudad. El cine del oeste estaba bastante satisfecho con la vida en el campo. Cierto que en ocasiones ese campo era un poco desagradecido, pues era seco, polvoriento e improductivo. Las ruleras corrían durante los días de viento; igual que corren por nuestros pueblos en noviembre, concluida ya la vendimia.

Pero John Wayne jamás estuvo en el campo de nuestra meseta, el secano hispano, hoy regado con el goteo, transformado como nunca nuestros antepasados pensaron. Lo que sí que tuvo nuestra Meseta fueron muchos emigrantes, hasta vaciarse a sí misma. Hoy están en Valencia, Barcelona y Dios sabe dónde. Las aldeas están vacías, o casi.

La llamada del industrialismo, del trabajo en la gran ciudad, más seguro que el incierto trabajo en la viña, siempre expuesta al tiempo y al clima. He ahí la razón de la salida de nuestra gente. Esto convirtió a nuestra tierra en suministradora de mano de obra, en tierra hostil y dada a la expulsión de su propia gente.

Entre las cepas quedaron los John Wayne de la resistencia agraria, dispuestos a aguantar en el terruño y, en lo posible, aumentar su hacienda. Pero utilizando el esfuerzo. En Los cuatro hijos de Katy Elder, el hijo mayor, interpretado por el viejo John, trata de reservar al hermano pequeño para la gran función: estudiar y convertirse en abogado. La gran parábola del progreso sintetizada en noventa minutos de cine. Los John Wayne de la Meseta cuidaron a sus vástagos para que estudiasen y se labrasen un futuro en otros campos más apetecibles, por lo cómodos, que el puramente agrícola. Lo han conseguido. Pero…

Dicen que el sistema se cae a pedazos. Algunos pretendieron refundarlo no hace mucho; los pobres ilusos se lo creyeron. Quizás el viejo de Braudel aún tenga razón cuando afirmaba que el pesado lastre de las estructuras no es tan fácil de cambiar. Los John Wayne están desapareciendo; asuntos de la edad. Pero ¿desaparece el campesino tal y como lo hemos conocido? Es más ¿desaparece el concepto nítido de ruralidad?

Ambas cuestiones son demasiado amplias para aclararlas aquí. Incluso se diría que pertenecen al rincón de los debates y las tertulias. Ahora bien, quizás si vamos por partes podemos arrojar algo de luz sobre estas categorías.

El campesino está en extinción. Entiendo por campesino aquel hombre del campo que conoce los ritmos lunares, solares y otros y su correlato con respecto a las diferentes tareas agrarias. Adapta los ciclos naturales a los vegetativos. Era una enciclopedia natural andante; un reservorio de sabiduría ancestral. Quedan muy pocos.

La crisis está conduciendo a la aparición de un concepto nuevo de pionero. Todos los pioneros lo han sido a la fuerza, en una frontera entendida desde el punto de vista americano; esto es, como un límite en el que uno puede labrarse un futuro nuevo. El nuevo pionero huye del paro, de las deudas (si es que se puede huir de ellas), de la gran ciudad; es un individuo que recala quizás en la aldea de sus ancestros por necesidad, pero igualmente por conservar algunas raíces allí. Si todavía posee alguna tierra, puede considerarse un afortunado.

Algunos han vuelto a trabajar la tierra. La situación no puede ser más variada, compleja y también confusa. Durante los últimos años se han abandonado grandes cantidades de tierras; la Unión Europea ha pagado por el abandono. Ahora algunas se han recuperado. ¿Se convertirán los nuevos pioneros en campesinos? No; salvo que lleguen a recuperar el tesoro valiosísimo de la cultura vieja campesina. Más bien llegarán a ser agricultores modernos, mecanizados hasta en su propia mente. Algo es algo. Mejor esto que el abandono total.

Quiero comentar cómo los John Wayne resistentes, auténticos campesinos, ese exiguo 3-4% de la población activa española, han sido borrados del mapa de los medios de comunicación. Simplemente no aparecen en la prensa. Para un profesor de Geografía e Historia, se convierte en un calvario la búsqueda en la prensa diaria nacional de noticias y artículos de análisis acerca del sector. No hay nada. ¿No es más que la constatación de la evidencia? ¿Se trata de un sector moribundo?

La segunda cuestión afecta a la desaparición de la ruralidad. En este caso la Geografía aporta mayor claridad y permite concluir, al menos provisionalmente, que está teniendo lugar una fusión de lo urbano con lo rural. Ya no hablaré del concepto de urbanización, porque en nuestra Meseta es poco lo que tenemos de esto. Me refiero a la cercanía mental de lo urbano y rural. Por ejemplo a través de los nuevos sistemas de red. Internet parece romper todas la barreras.

La desaparición de nuestros John Wayne entre las cepas parece estar cerca. Es cuestión de tiempo. Los nuevos pioneros aspiran a atesorar su fuerza física y su sabiduría. Queda por saber si El hombre que mató a Liberty Valance morirá en balde y su concepto del campo se irá a la tumba con él.

Juan Carlos Pérez García. En Los Ruices, a siete días para la celebración del día de la Virgen del Milagro.

 

 

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