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La carga de la memoria (III). Anís Maribel, Anís Manolita.

La carga de la memoria (III). Anís Maribel, Anís Manolita.

LA BITÁCORA DE BRAUDEL. Por Juan Carlos Pérez García.

Vale la pena preguntarse si existe una relación estrecha entre la identidad y los supuestos caracteres de una sociedad. Necesitamos conocer si un determinado tópico o característica que una mayoría atribuya a un grupo dentro de ella influye asímismo en la autodefinición del mismo. Es importante conocer el grado de influencia de este tópico sobre la realidad social. En otras palabras, que no es algo secundario hasta qué punto la sociedad se identifica con los rasgos que otros, desde el exterior, le adjudican. Los de Requena son unos vinagres como ellos mismos. Y los utielanos unos cabezones empedernidos. Topicazos que se arrojan de un lugar a otro. A veces las intenciones son malvadas. En otras ocasiones existe una jocosa identificación con los tópicos. Depende si tienen tonalidades positivas o expresan caracteres negativos.

En esta España nuestra, dada al chiste inmediatamente que tienen lugar los acontecimientos, sean cuales sean, el tópico funciona a las mil maravillas en situaciones de lo más variopinto. La memoria colectiva guarda en los recónditos pozos de la mentalidad algunos de estos elementos, construidos en ocasiones en la larga duración del tiempo histórico, pausadamente pero de manera efectiva, porque al final son asumidos por el colectivo como verdades casi incontrovertibles.

La técnica del recuerdo personal, como la del recuerdo colectivo, se suscita en situaciones inverosímiles. En una comida colectiva, por ejemplo, los comensales, entre loncha de jamón y bocado de longaniza, por ejemplo, pueden mostrarse locuaces y comenzar -quien sabe en virtud de qué sustancia generada por su cuerpo- a recordar viejos dichos, situaciones cotidianas y acontecimientos que permanecían bien guardados en un rincón oscuro.

Alguien mencionó los tiempos del glorioso Utiel de los mercaderes; los tiempos de gloria, opulencia y dinamismo de la calle Santa María y la placetilla de Los Santos. Eran buenos tiempos, en una España sometida a la dureza de las políticas de postguerra, aunque más tarde habría de aprovechar el desarrollismo adecuadamente. Y eso que Cataluña ha pasado por ser la avanzadilla de las Españas, la punta de lanza del desarrollo económico. Utiel no ha podido, es evidente, competir con Cataluña. Pero aquel Utiel del comercio, repleto de tiendas, aunque tuviera mucha población agraria, es un Utiel que vale la pena recordar. Comparado con el dinamismo mercantil de los utielanos, lo requenense no pasa de ser una combinación de suerte y buen patronazgo.

Eran los tiempos del Anís Maribel y el Anís Manolita, recuerda un comensal, que se oía constantemente en los transistores. El padre de estas dos chicas elaboraba licores y tenía, por lo visto, bastante éxito.

La memoria es traicionera y hay que perfilarla con cuidado. Pero es preciso recuperarla porque nos ayudará a comprender mejor lo que somos y ha desterrar ciertos mitos autodestructivos como los que pululan por ahí. No somos una tierra condenada a vivir en el atraso y la falta de oportunidades, más allá de las que brinda la tierra. ¿Dinamismo catalán? Utiel no se quedó atrás en cierto momento de su historia.

Los Ruices, a 10 de marzo de 2014.

Un comentario

  1. A diferencia de lo que puedan pensar algunos fundamentalistas catalanistas, el Principado no ha sido históricamente tan excepcional en la Cuenca del Mediterráneo: un territorio de labradores con iniciativa que no tuvieron más remedio que potenciar a partir del siglo XVIII fuentes de riqueza alternativas. Esta misma circunstancia se experimentó en otros rincones de España, como en nuestras tierras, siempre atentas a mejorar desde la Baja Edad Media. Es más, no toda Cataluña participó del carácter industrialista del tópico, e importantes comarcas de Tarragona y Lérida la potenciación de la labranza con vistas al comercio no condujo a la sociedad industrial. Las comarcas gerundenses del Alto Ampurdán empezaron a salir de la miseria, no circunscrita a la España interior, gracias a la explotación de los alcornoques (con perdón del noble árbol) en la primera mitad del siglo XX, según reconoció el eximio Josep Pla, espía de Franco y autor predilecto de Jordi Pujol senior. Fue la política arancelaria del ahora odiado Estado Español, permitiendo barbaridades en la Cuba española, la que permitió salvar la modesta industria barcelonesa, tan temerosa de la competencia que se sumó a la oposición a un Espartero librecambista. Después de todo las diferencias sólo son justificaciones lamentables por parte de algunos, ignorando los caracteres mestizos y las complejidades de una Historia que ignoran hasta la saciedad. Enhorabuena a don Juan Carlos Pérez García por estas acertadas reflexiones. Muchas gracias.

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