Sábado , 23 septiembre 2017
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¡Abajo los Consumos!

LA HISTORIA EN PÍLDORAS. IGNACIO LATORRE ZACARÉS.

La contribución de consumos fue creada en 1845 por el hacendista Alejandro Mon que reformó toda la estructura tributaria del Estado. Aunque en principio grabó los productos del vino, sidra, chacolí, carnes, harinas, jabón y cerveza; en 1866 ya se pagaba por 42 productos diferentes de primera necesidad. Los “consumos” llegaron a suponer el 60% de los ingresos en las arcas municipales.

Otra vez en el candelero (o “candelabro” Sofía Mazagatos dixit) destaca la eterna polémica sobre si las subidas de impuestos son convenientes, necesarias, inevitables, perjudiciales… Hay economistas y políticos que defienden la vía impositiva como un mecanismo necesario para gozar de un estado de bienestar, garantista e igualitario frente a los teóricos que ven en los impuestos una amenaza al libre mercado y contrario a la creación de riqueza privada que es la única que puede proveernos de una posición segura y feliz. Subida de impuestos sí, subida de impuestos no… pero al final habrá subida. Pero no nos metamos en berenjenales que no son competencia de este articulista, sino del compañero de columna, D. Julián, mucho más ducho en el análisis del presente. Hoy nos retrotraemos al s. XIX y hablaremos de cuando los requenenses la “liaron parda” contra la subida de impuestos.

Impuestos los ha habido siempre y no pocos. En su día estos tributos afectaban sólo a una parte de la población, los llamados pecheros (agricultores, ganaderos, artesanos, comerciantes); mientras parte de la población estaba exenta, véase estamento eclesiástico, nobles y pobres de solemnidad (literalmente hablando). Pero hoy vamos a hablar del impuesto seguramente más impopular de la historia: los consumos.

La contribución de consumos fue creada en 1845 por el hacendista Alejandro Mon que reformó toda la estructura tributaria del Estado. Aunque en principio grabó los productos del vino, sidra, chacolí, carnes, harinas, jabón y cerveza; en 1866 ya se pagaba por 42 productos diferentes de primera necesidad. Se convirtió en un verdadero demonio para los contribuyentes, especialmente las clases más modestas sobre las que se cebaba este impuesto. Los “consumos” llegaron a suponer el 60% de los ingresos en las arcas municipales.

El s. XIX fue un siglo absolutamente tremendo: La Guerra contra el Francés; las 3 guerras carlistas; las fatales epidemias de cólera (especialmente terribles en nuestra comarca); los bandazos políticos y pronunciamientos entre conservadores y liberales; las crisis económicas incesantes… y, por si algo faltaba, en medio del caos, se establecen los “consumos”.

Requena protagonizó en la segunda mitad del S. XIX varias significadas revueltas contra la imposición de los consumos. Son las 3 de la tarde del 1 de enero de 1855 (se les atragantaron las uvas a los requenenses) cuando se junta un gentío en la Plaza Consistorial y se amotinan bajo la única petición de que se derogaran los “consumos”. El Ayuntamiento se ve desbordado ante las masas enfervorecidas y manda para contener a la población a las 2 compañías existentes de la Milicia Nacional. Pero nadie las puede contener (¿Quién puede contener el mar?) y el Ayuntamiento decide que ante el “odio” que profesa la población a los “consumos” se solicite a la Diputación que Requena sea eximida del pago del impuesto del año anterior.

Cómo sería la citada contribución que hasta los grandes contribuyentes (Omlín, Piñango…) dicen que es imposible que las clases medias puedan pagarlos; tildan la cantidad asignada a Requena para pagar como exorbitante e incluso ellos mismos se ofrecen a sufragar la parte que no se pueda pagar por el populacho.

Pero lo de 1855 parece que quedó en nada con lo que pasó la mañana del 1 de noviembre de 1880 cuando se produjo otra gran revuelta por parte de la población. En este caso asaltan la oficina del recaudador de consumos y la Secretaría del Ayuntamiento realizando “desperfectos, sustracciones e inutilización de documentos” según el acta. Los paganos se dedican a quemar toda la documentación y recibo de los consumos para así evitar el cobro de las deudas. Se rompen puertas, destrozan cristales y roban armas, granada, pólvora y hasta los bastones del fielato. Pero el que se las vio peor “que el que se tragó las tiebles” fue el recaudador de consumos: D. Antonio Cambres. La muchedumbre lo saca de casa junto con su esposa y según el acta del pleno extraordinario celebrado salva la vida “milagrosamente” e inmediatamente pone rumbo a Sebastopol como destino más cercano. El Ayuntamiento pide que se averigüen los líderes del motín y que las personas influyentes de la población convenzan a la gente de que hay que pagar irremediablemente. Pero los supuestamente influyentes siguen diciendo lo mismo: que la gente no puede pagar más y que el reparto asignado a Requena está fuera de medida.

Una comisión de requenenses solicita prórrogas para el pago, pero tampoco se admite por parte de las instancias superiores que ya se habían enterado de las revueltas requenenses. De los 40.000 duros que le tocaba pagar a Requena se quedaron en 20.000, así que se dio parte de la razón a los amotinados y parece que la ira manifestada por los requenenses estaba justificada.

Finalmente el polémico e impopular impuesto de los consumos se suprimió en 1911, aunque algunos ayuntamientos alargaron su cobro hasta 1926. Desde luego, el conformismo antes las subidas impositivas no fue una característica de los acuciados requenenses del s.XIX.

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