Sábado , 23 septiembre 2017
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¿de espaldas al Pueblo?”

LA HISTORIA EN PÍLDORAS. IGNACIO LATORRE ZACARÉS

A los requenenses estas situaciones no nos deben sorprender, pues ya en su día tuvimos un Obispo de Cuenca, D. Diego Ramírez, que advirtió a los clérigos del lugar sobre graves contratiempos en la realización de la liturgia. Diego Ramírez fue Obispo de Cuenca de 1518 a 1537…

La Iglesia, un poder que no entra en la tradicional división de Montesquieu, siempre ha sido una Institución de enorme influencia en la sociedad y con un papel discutido. Entre sus detractores una de las manifestaciones habituales es acusar a la Iglesia de ir siempre por detrás de la evolución de la Sociedad y de aceptar los cambios mucho más tardíamente que el pueblo en aspectos sociales (divorcio, métodos anticonceptivos, sexualidad, papel de la mujer en la propia Iglesia…).

Al poco tiempo del pontificado del actual Papa, se generó una gran polémica cuando Benedicto XVI ofició parte de la liturgia de espaldas al pueblo cuando diferentes acuerdos y recomendaciones posconciliares al Concilio Vaticano II (1962-1965) tendían hacia la celebración de la Eucaristía de cara al pueblo. La imagen estaba servida: volver a las formas contrareformistas de oficiar de espaldas al pueblo metafóricamente se podría interpretar como vivir de espaldas al mundo real, a la feligresía, encerrarse en si mismo. No hay obligatoriedad litúrgica de celebrar la misa de cara al pueblo, pero ha sido la práctica frecuente desde los pontificados de Juan XXIII y Pablo VI, así como la construcción de altares exentos para poder oficiar sin problemas la Eucaristía de esta forma.

Los defensores de la recuperación de esta forma litúrgica que supone la vuelta a Trento (1545-1563) entienden que orar hacia Oriente (una reminiscencia de los cultos al Sol) supone rezar en la misma dirección de los feligreses, tal como sucede en las otras religiones, y que se debe orar de cara a Jesucristo que es lo verdaderamente trascendente y no hacia los feligreses, que también deben orar de cara al Señor. Más madera aportan los que, además, abogan por volver a realizar también la misa en latín.

A los requenenses estas situaciones no nos deben sorprender, pues ya en su día tuvimos un Obispo de Cuenca, D. Diego Ramírez, que advirtió a los clérigos del lugar sobre graves contratiempos en la realización de la liturgia. Diego Ramírez fue Obispo de Cuenca de 1518 a 1537. Presumiblemente como capellán mayor de Juana I (sí “La Loca”) parece que bautizó a Carlos I. De su actividad en Requena, parece deducirse que se adelantó al movimiento contrareformista impulsado por el Concilio de Trento (1545-1563). Por una serie de cartas enviadas por D. Diego en 1525 nos enteramos de las severas amonestaciones, con penas de excomunión incluidas, dirigidas a los clérigos requenenses por cuestiones litúrgicas. En una carta reprendía a los curas porque sólo realizaban misas cantadas en domingos y fiestas de guardar y no en vísperas como era preceptivo. Todo en ello en “deservicio de Nuestro Señor y disminuyción del culto divino”.

Pero quizás la misiva que más llama nuestra atención es aquella en que reprende a los diáconos y subdiáconos requenenses porque había sido informado de que en las misas “bajan de las gradas del altar a dar la paz a muchas personas del dicho pueblo”. Para el Obispo sólo era admisible que bajaran a dar la paz “quando ay prelado presente u otro caballero o señor de estado”. Termina la misiva ordenando bajo pena de excomunión que no bajen del altar a dar la paz a ninguna persona del pueblo, excepto si hay un Señor o prelado en el oficio.

¿Algo nuevo bajo el sol? De cara al pueblo, de espaldas al pueblo, en lengua vernácula, en latín… D. Diego Ramírez, nuestro Obispo, lo hubiera tenido bien claro.

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