Sábado , 23 septiembre 2017
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“De Izas, Rabizas y Colipoterras”

LA HISTORIA EN PÍLDORAS. IGNACIO LATORRE ZACARÉS.

“Izas, rabizas, colipoterras” es el título de una de las obras de Camilo José Cela dedicada a las mujeres que ejercen el llamado “oficio más antiguo del mundo”. El Concejo de Requena también desde tiempos remotos se ha interesado por las llamadas “mujeres públicas”. Curiosas son las dos provisiones reales citadas por el cronista Bernabeu de 1415 y 1417…

“Izas, rabizas, colipoterras” es el título de una de las obras de Camilo José Cela dedicada a las mujeres que ejercen el llamado “oficio más antiguo del mundo”. El hispano-francés Manu Chao también les ha dedicado una deliciosa canción llamada “Me llaman calle” donde a ritmo de guitarra se van deslizando las distintas alegrías y penurias de estas trabajadoras del sexo. Como todas las palabras tabú las prostitutas reciben un sinfín de apelativos: rameras, meretrices, busconas, fulanas, zorras, cualquieras, hetairas, izas, rabizas, señoritas de la noche, colipoterras, pilinguis, mundarias, furcias, putas… y “princesas” en la referida canción de Manu Chao. Pero el Concejo de Requena del siglo XVI les dedicaba un apelativo más delicado: “mujeres públicas”.

Periódicamente surgen en los medios de comunicación la polémica de los intentos del poder público de regularizar o, también, criminalizar esta antigua profesión. Que si en los países nórdicos está muy mal visto y se penaliza al cliente que solicitan los servicios de prostitutas; que si en Barcelona prohíben la prostitución callejera y también imponen multas a los clientes; que si hay que regularizar con seguridad social incluida a las trabajadoras del sexo; que si un juez considera que no es menosprecio llamar zorra” a tu pareja, etc., etc.

¿Es algo nuevo que los poderes públicos intenten regularizar la prostitución? Ni mucho menos. Generalmente, siempre ha existido un interés público por intervenir en este comercio hasta ahora ilícito, muchas veces bajo el objetivo, real o fingido, de la salud pública. En la España del siglo XV y XVI la prostitución era vista como un mal necesario con un rechazo social menor que el adulterio o la bigamia. Estaba legalizada y controlada y generalmente lo que se buscaba era aislarla en un burdel, pero no eliminarla.

El Concejo de Requena también desde tiempos remotos se ha interesado por las llamadas “mujeres públicas”. Curiosas son las dos provisiones reales citadas por el cronista Bernabeu de 1415 y 1417 donde se informa de la protesta de los frailes del Carmen por la existencia de un burdel justo detrás de la capilla mayor del Convento del Carmen donde “mujeres mundanas faciendo mancebía con los hombres públicamente”. Para el Convento del Carmen la cercanía del lupanar era una “gran deshonestidad”.

Pero en 1514 cambiaron las tornas, pues por un documento del Archivo de Simancas nos enteramos que el Concejo de Requena acusa ante la Cámara de Castilla a los frailes del Convento del Carmen de “rufianes públicos” y de tener mujeres casadas como “mancebas” e incluso de acoger a rufianes (proxenetas) con sus mujeres. En definitiva, para los regidores requenenses el Convento era lo más parecido a un burdel.

Más allá del escándalo público que suele acompañar a esta actividad, el antiguo Concejo de Requena entendió que era necesario no mirar hacia otra parte e intentar otorgar cierta dignidad y condiciones de salubridad a un trabajo que muchas veces se ha señalado como de “necesario y de cierto beneficio social” (póngales ustedes todas las comillas que deseen). Así pues, por un acta de 1535 sabemos que el propio Ayuntamiento de Requena buscaba casas para poner una “mancebía” (burdel) para las mujeres públicas nada menos que “en pro de la Villa” (literalmente escrito). Y no sólo eso, en 1549 los regidores acordaban construir un lugar para las mujeres públicas donde estaban antiguamente por ser un solar de la Villa. Es decir, que el Concejo de Requena no sólo no negaba la realidad de las trabajadoras (o esclavas) del sexo, sino que lo entendía como algo necesario y les concedía un solar público para la edificación de una casa de prostitución.

Como ven, el intento de regularizar la prostitución por parte del poder público es casi tan antiguo como el propio oficio.

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