Sábado , 23 septiembre 2017
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La perdición del maestro Jerónimo

LA HISTORIA EN PÍLDORAS. IGNACIO LATORRE ZACARÉS.

Generalmente nos gusta realizar paralelismos entre la actualidad y la perspectiva de la historia para, en ocasiones, advertir que hay situaciones que ocurren en el 2012, pero que perfectamente podríamos situar en el s. XVI o XVII si viajáramos en una máquina de tiempo retrospectiva,y hete aqu que el primer documento que cae en mis manos para catalogar es el de “Maese” Jerónimo y ahora os cuento…

Generalmente, en esta columna nos gusta realizar paralelismos entre la actualidad y la perspectiva de la historia para, en ocasiones, advertir que hay situaciones que ocurren en el 2012, pero que perfectamente podríamos situar en el s. XVI o XVII si viajáramos en una máquina de tiempo retrospectiva. Tal como lo cuento me sucede: pongo el telediario nocturno y escucho las declaraciones de un representante de proveedores de instituciones públicas quejándose, con razón, de que la tardanza en el pago de las instituciones perjudica severamente los intereses de su sector y que hay muchas empresas cerradas o a punto del cierre por este motivo. Evidentemente, la crisis ha afectado gravemente a las arcas públicas y la falta de liquidez de muchas instituciones se ha convertido en un enorme problema que afecta directamente a aquellos que han realizado prestaciones para la “res pública”. Pero, hete aquí, que al día siguiente, el primer documento que cae en mis manos para catalogar es el de “Maese” Jerónimo y ahora os cuento…

La herrería y cerrajería de Requena y Utiel es una de las actividades que hasta hace poco tiempo habían quedado olvidadas y no se habían estudiado en absoluto. Sin embargo, la exposición dedicada al s. XVIII en la comarca, “De luces y sombras”, logró visibilizar la actividad de los herreros y cerrajeros requenenses y utielanos que destacaron en el barroco, rococó y neoclásico por unos trabajos de fragua efectuados con excelente oficio. Fajas de hierros para puertas y muebles, alguazas, aldabas, tiradores, bocallaves, llaves… desarrollaron una industria, que según los expertos, estaba tocada por características autónomas como esos ojos de cerradura curvos, los tiradores de anilla chata o con venera y esas llaves engrosadas entre el filete y la anilla que se da en nuestra comarca y no en otros lares.

Pero en los albores del s. XVI, la comarca aun estaba falta de este tipo de oficios especializados como observamos por un acta donde el Concejo de Requena para conseguir una cadena y unos candados debe enviar un emisario a Valencia. Sin embargo, hacia 1541 ya tenemos trabajando en Requena a “Maese” Jerónimo (o Gerónimo como se escribía en la época). El Maestro Jerónimo era un buen trabajador de la fragua al que el Ayuntamiento no dudaba en encargar todo tipo de trabajos relacionados con su oficio: que ahora me haces llaves, que me arreglas el peso de la harina, que haz unos candados, etc. Incluso es el encargado durante 20 años de arreglar el reloj público (un servicio muy importante que costeaba el Ayuntamiento y del que en otro artículo hablaremos). Parece que le gustó Requena, pues al poco tiempo de establecerse pidió licencia para edificarse una casa.

Pero poco dura la alegría en la casa del pobre. En 1553 se le encarga a “Maese” Jerónimo una obra de cierta consideración en el Portal del Arrabal de Requena que debía estar situado en lo que actualmente denominamos Plaza del Portal (por puerta de Castilla). Nuestro cerrajero empleó 600 clavos, tajas, cerraduras, chapas, argollas, gorrones, etc. tal como muestra la memoria de obra que cifra el coste total en 14.290 maravedíes.

Pasa el tiempo y el maestro ve como la obra está realizada, pero el dinero no llega. Es más, el oficial que debe visar la obra, Martín Zapata, no había pasado aun a revisarla (ahora llamaríamos certificarla) y eso que en la Requena de la época sería difícil no toparse todos los días con ese portal.

Finalmente, “Maese” Jerónimo eleva una airada solicitud al Concejo requenense pidiendo que de una vez revisen la obra y le paguen lo que es suyo. Como máxima expresión de desánimo, Jerónimo acaba su escrito con las siguientes palabras: “y digo que aunque me diesen seis ducados más por que hiziese otra tanta obra, yo no lo haría porque sería perderme”. ¿Se “perdió” Jerónimo? Un ejemplo claro de un proveedor del s. XVI que perfectamente podríamos trasladar al 2012. No todo tiempo pasado fue mejor.

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