Martes , 21 noviembre 2017
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“¡Que viene el lobo!

LA HISTORIA EN PÍLDORAS. IGNACIO LATORRE ZACARÉS.

El lobo ha sido tradicionalmente uno de los grandes enemigos del hombre rural por lo males que causaba en sus ataques al ganado. El lobo, animal totémico en época ibérica y romana, ha sufrido una persecución humana sistemática que le ha llevado a estar muy relegado en ciertas áreas de la Península Ibérica…

Las últimas noticias sobre el lobo informan que desde hace años se están recuperando en número y están sorteando su barrera natural principal: los ríos. Una vez traspasado el Duero, el Tajo parece un objetivo bastante factible y hace unos años ya se vio una pareja de lobos relativamente cerca de la ciudad de Cuenca. ¿Volveremos a ver el lobo por nuestra comarca como antaño cuando estuvo densamente poblada de ellos?

Un animal emblemático de la Península Ibérica es el lobo ibérico que hasta principios del siglo XX estaba extendido por gran parte de España. El lobo ha sido tradicionalmente uno de los grandes enemigos del hombre por sus ataques al ganado y, en escasas ocasiones, sobre los propios humanos. El lobo, animal totémico en época ibérica y romana (amamantó a Rómulo y Remo), ha sufrido una persecución humana sistemática.
El etólogo Félix Rodríguez de la Fuente, que se pasó 2 años entre lobos, fue su gran defensor y el que logró concienciar a los españoles del error de buscar su aniquilación. Actualmente, el lobo se encuentra en proceso de expansión debido a las medidas de protección de la Administración emprendidas desde hace décadas y también por la sangrante despoblación rural.

La comarca fue zona de lobos, y no pocos, e incluso han dejado su huella en la toponimia: Lobos-Lobos (Sinarcas), la Casa del Lobero (Requena), El Tranco del Lobo (Venta del Moro), La Loberuela quizás… Incluso alguno ha ubicado la polémica ciudad ptolemaica de Lobetum en nuestras tierras.

En ocasiones, los documentos de archivo también nos ofrecen noticias sobre aspectos no habituales en las crónicas históricas como, por ejemplo, cuál era la fauna salvaje que habitaba por nuestros parajes. Algunos documentos del Archivo de Requena muestran cómo el lobo era un animal abundante en la comarca junto con los venados, corzos, cabras montesas… Los libros de cuentas del siglo XVI reflejan ya los pagos a “loberos” por matar lobos y “raposas” (zorros). Por cierto, muchos de estos “loberos” eran moriscos de la Hoya de Buñol. La preocupación por el lobo y sus ataques al ganado llevaba al Concejo de Requena a remunerar por las piezas abatidas, debido a la importancia del ganado en la economía de la época.
En 1693 el regidor requenense Gregorio de Nuévalos informó de que se habían matado muchos lobos y suplicó que se procediera al reparto de gastos entre los ganaderos.

En el siglo XVIII, nuestros montes seguían poblados del temido lobo. Así en 1676, el “hechizado” Carlos II concedió licencia para matar lobos y zorras dado que “vecinos y ganaderos de la villa de Requena y su jurisdicción se nos a representado que la dicha Villa y su Tierra era mui montuosa y riscos de que se seguía que se criasen muchos lobos y çorras por lo qual se comían y mataban muchos ganados así mayores, como menores”.

Estas especies permanecieron en nuestros montes hasta la segunda mitad del s. XIX cuando su persecución sistemática, la progresiva mayor eficacia de las armas de caza y la intensa antropización del bosque comarcano (roturaciones, carboneo, madereo, esparto) acabó con estas especies cuyas poblaciones a principios del s. XX ya eran muy menguadas.

Una de las últimas noticias sobre el lobo en la comarca nos la proporcionó en 1894 el diario “El Eco de la Región” que informó sobre la aparición en Venta del Moro de restos humanos de una niña al parecer devorada por un lobo. Esta noticia dio pie a uno de los entretenidísimos cuentos venturreños de D. Feliciano Antonio Yeves “El último lobo de la Derrubiada”.

En el inicio de la década de 1950 fue avistado y abatido el último lobo del que se posee noticia en la comarca, concretamente en un área entre Sinarcas y Talayuelas. ¿Volveremos a ver al lobo en nuestra comarca? ¿Retornaremos a los “loberos”? El lobo, como siempre, entre la admiración y el odio.

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