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Me llamo Ulises

Me llamo Ulises

Resumen del programa nº 135 de “En este lugar…” (6-3-2018): “Me llamo Ulises”, con Ezequiel Tena García, escritor.

En este programa hemos tenido ocasión de debatir sobre la filosofía de Nietzsche y la defensa de la individualidad, con el pensador y escritor requenense Ezequiel Tena García, que ha presentado su primera novela, publicada por Tau Editores, con el título “Me llamo Ulises” 

Con un gran dominio del lenguaje y un análisis profundo de las realidades humanas y los valores que mueven la sociedad, este brillante y joven autor define de este modo su obra:

“ “Me llamo Ulises” es una novela filosófica. La narración descriptiva está impregnada por la denuncia de la negatividad. La negatividad se define respecto al individuo como lo que está fuera de sí mismo: el mundo con el que tiene que habérselas. Ideas, normativas, reglamentaciones, todo aquello que ha adquirido cuerpo sensible fuera del contorno de la piel. El protagonista de esta historia es un hombre actual que siente la intromisión intolerable de la negatividad con su potencia aniquiladora. Esta potencia es más apremiante y se perfila en su naturaleza amenazadora precisamente en la sensación de fracaso. Ulises vive la época tan presente de la crisis del sujeto: el mundo ha sido objetivado en detrimento del individuo. Frente a ese estado de cosas –cosas que son, instancias-  caben actitudes que conducen a la inconsciente sumisión; o a la implosión por incapacidad de adaptación: y aparece la depresión, presión desde el interior. Desde su perspectiva se materializa el mundo como el enemigo que paso a paso le somete. Pues es en el interior de sí donde ahora operan las fuerzas autoritarias, de tintes totalitarios, que sin comprometer gravemente lo vital, lo íntimo, no pueden ser percibidas. Esa “agencia” ha trasladado su sede desde las instituciones al interior de la mente del hombre mecanizado y usurpa su conciencia. Somos en gran medida producto de la gran organización técnica: podemos sentirlo en la reglamentación de las horas de nuestro día, en las etapas de nuestras vidas, en las pautas del descanso, en la variedad de bagatelas con que ocupamos el “tiempo libre”. Y esto sucede mientras pensamos la auto exigencia como elegida libremente: ¿quién exige? ¿Soy exigido desde mi interior? Y si lo soy, ¿qué ocupa mi interior?

Pero Ulises es también un hombre empecinado. “En el error”, dirá el sistema. Pues bien, sea. Lo constitutivo de Ulises es justamente su empecinamiento. Sólo ante la encerrona dirá: “Yo no quise cambiar al mundo; quise que el mundo no me cambiara a mí”; y finalmente emprenderá el acto de valentía y se dispondrá a atravesar el desierto donde no hay nada: la única cosa soy yo. Hay en la valentía un retorno a la armonía de ser independiente del devenir de la ciudad. Donde no hay más cosas, yo. El mundo ha sido devastado y Ulises reconquista la conciencia de sí –conciencia que recobra de forma cruenta hurtando a Gotham su triunfo. En esta nueva forma de ver las cosas subyace, sin embargo, una inquietud: ¿qué ha sido de las conciencias robadas que no regresaron a sus dueños? ¿Qué es el ser humano sin conciencia –y refiero la suya? Todo entra en crisis: las conciencias también. ¿Todo acaba? Después de todo Ulises vuelve a Ítaca y sigue aquí. ¿Está equivocado? No importa. Porque regresa no tiene el derecho a portar malas noticias: Ulises no entregará la embajada de Gotham. “

También Ezequiel Tena nos anuncia que ha iniciado sus investigaciones para una próxima obra en la que planteará la teoría nietzscheana del “eterno retorno a lo idéntico”. Una propuesta literaria y filosófica que de seguro vendrá cargada del fino y profundo estilo narrativo-descriptivo con el que este genial autor ha caracterizado su primera novela.

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