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Requena ( 15/02/19) LOS COMBATIVOS REQUENENSES.// Víctor Manuel Galán Tendero.

La posesión de cabezas de ganado marcó la dimensión más sobresaliente de la riqueza en el mundo antiguo, como se desprende de la palabra latina pecunia y de varios de sus relatos mitológicos. Al gigante Gerión le robó sus bueyes Heracles, cuyo proceder fue seguido por otras gentes más históricas, más de carne y hueso, de la península Ibérica. La trashumancia también tuvo orígenes remotos, y los ganaderos de la Europa mediterránea podían también convertirse en cuatreros, en feroces guerreros como los samnitas que se enfrentaron contra los romanos. El cayado y la lanza fueron empleados con igual soltura por tipos de aquel temple.

Las gentes de los concejos de la frontera cristiana con los andalusíes eran tan capaces de impulsar contundentes incursiones contra tierras enemigas en pos del botín como de conducir ganado. Sus huestes concejiles, tanto las del reino de Castilla como las de Aragón, se convirtieron en una temible fuerza, bien capaz de controlar nuevos territorios y de contribuir a su organización. Las posibilidades de lucro estaban al alcance no solo de timbrados caballeros, sino también de corajudos infantes, diestros en el manejo de armas como el cuchillo y atentos a su promoción social. Tal fue la cantera de los almogávares, aquellos que hacían incursiones arriesgadas. Su más conocida acción fue la gesta de la Gran Compañía en el Mediterráneo oriental, magníficamente referida por Ramón Muntaner, pero también actuaron en otros muchos puntos, a veces con otras denominaciones. Conducidos por almocadenes o capitanes elegidos por ellos, alcanzaron fortuna en varias ocasiones. En Aragón, su valor les permitió ingresar en las filas de la baja nobleza de algunas localidades. Cuando los campesinos y artesanos de Orihuela (castellana primero y después aragonesa) no veían bien encarado el año, se sumaban a la almogavería que incursionaba los dominios de los sultanes granadinos.

A lo largo del sistema Ibérico fueron floreciendo entre los siglos XII y XIII una serie de comunidades bien aprestadas para tales menesteres. Albarracín, señorío de los astutos Azagra, consiguió mantener su independencia ante Castilla y Aragón, pero entre 1285 y 1300 terminó integrándose en el segundo. Por aquel tiempo, Jaime II de Aragón se encontraba en guerra contra el joven Fernando IV de Castilla por el dominio de reinos como el de Murcia, y los de Albarracín aprovecharon la ocasión. De nada sirvieron las treguas que don Jaime acordara con el concejo de Requena, atento a limitar sus frentes de conflicto.

En una de sus incursiones, los almogávares albarracinenses alcanzaron los términos de Requena. Llegaron a tomar unas 650 cabezas de ganado entre carneros y ovejas, una cantidad ciertamente respetable. Fue una acción de guerra y de saqueo a la par. Sin embargo, las autoridades de Requena la consideraron de naturaleza delictiva, y se quejaron por incumplimiento de la tregua ante el mismo Jaime II, que el 5 de febrero de 1307 instó a restituir lo apresado al baile de Albarracín y a su lugarteniente. En este caso, los cuatreros no recibieron ningún parabién. Cosas del momento político.

ARCHIVO DE LA CORONA DE ARAGÓN.

Real Cancillería, Registro 0141, ff. 189r-189v.

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